buscando citas/referencias: escribir en otra lengua

“Mariana Frenk, escritora y traductora mexicana de origen hamburgués, recordaba por otro lado que en su ciudad natal, cuando pasaba del alemán al portugués, con la traducción de las palabras se iban transmutando en ella los rasgos expresivos más personales. Los gestos del rostro, el movimiento de las manos, incluso el tono de su voz se modificaban por completo durante el proceso. A partir de esto Frenk se preguntaba si no sería «indispensable una profunda transformación de la personalidad para poder escribir en otra lengua».”

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(Stephen Vizinczey) ” A la edad de veinticuatro años, tras la derrota de la Revolución húngara, me encontré en Canadá con unas cincuenta palabras de inglés. Cuando me di cuenta de que era un escritor sin una lengua, subí en ascensor al último piso de un alto edificio de Dorchester Street en Montreal, con la intención de arrojarme al vacío. Al mirar hacia abajo desde la azotea, con terror ante la idea de morirme, pero todavía más de romperme la columna vertebral y pasar el resto de mi vida en una silla de ruedas, decidí tratar de convertirme en un escritor inglés. Al final, aprender a escribir en otra lengua fue menos difícil que escribir algo bueno y viví durante seis años al borde de la miseria antes de estar listo para escribir En brazos de la mujer madura.”

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(Ismail Kadaré)

“-Escribe en albanés, aunque su obra no se dio a conocer hasta que se instaló en París. ¿Necesitan las lenguas minoritarias del apoyo exterior para salir y darse a conocer?

-Nunca me he planteado ni he necesitado escribir en otra lengua que no sea la mía. El albanés lo hablan unos 10 millones de personas, pero es una lengua bien estructurada, una máquina formidable para expresarse. No lo hago por patriotismo, y comentándolo con personas que conocen la lengua, como mi traductor, consideran que es el vehículo adecuado para lo que yo quiero decir cuando escribo. En Europa hay muchas otras lenguas minoritarias que cuentan con una literatura bien estructurada.”

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(sobre Paul celan) “No menos significativo resulta el abandono del bilingüismo (un pequeño porcentaje de estos textos, en especial los pertenecientes a la prosa poética, fueron escritos originariamente en rumano). Se trata de un hecho nada anecdótico en un poeta, conocedor y traductor por otra parte de un buen número de lenguas, que acabará declarando la imposibilidad de escribir en otra lengua que no sea la materna. Conviene no olvidar que en alemán, como en castellano, la lengua, Sprache, lleva la huella de la madre, Mutter: Muttersprache, frente a la patria, Vaterland, marcada como en castellano por el nombre del padre; como también es preciso recordar que esta lengua en concreto es aquella que compartían su madre y los asesinos nazis de su madre, el vehículo lingüístico de la gran tradición poética de la que bebe Celan y también el idioma de la barbarie, la lengua de Hitler. Así la lengua materna acabará siendo al mismo tiempo territorio propio y tierra de nadie, en un poeta que somete al alemán a una tensión interna tal que supone una puesta en cuestión constante tanto del sujeto enunciador como de la propia textura de la enunciación, como si el solo hecho de hablar, y en concreto de hablar alemán, nos volviera culpables.”

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(Abdelatif Laâbi ) “Usted escribe en francés, como muchos grandes escritores marroquíes. ¿Qué significa para un escritor escribir en una lengua que no es la suya materna? Todo depende de la relación que se ha mantenido con la lengua materna, que yo llamo personalmente lengua natal y no materna, porque ¿por qué materna y no paterna, por ejemplo? Yo he perdido inevitablemente esta lengua. Yo estudié en un colegio colonial donde la lengua francesa era la que se enseñaba y en la que yo empecé a escribir. Habría que plantearse por qué en un momento dado Milan Kundera, que escribía muy bien en su lengua, empezó a hacerlo en francés. O Samuel Beckett. Muchas veces escribir en otra lengua responde a una necesidad de “descentralización”, como si al escribir en su lengua materna no se prestara la suficiente atención a cuestiones de la relación que el escritor debe mantener con la lengua. Una relación de vigilancia. Porque todas las lenguas condicionan, están condicionadas, como el escritor, por la historia de donde se han formado. El escritor no puede olvidar la cultura, el imaginario que la rodea, cuando trabaja en su lengua materna. Ésta lo hace un poco esclavo de todo eso.”

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La experiencia de escribir en otra lengua puede puede producir cierto grado de distancia, liberación o catarsis. (aquí)

“El autor vasco (Atxaga) se considera un escritor bilingüe. Es también el caso del franco-estadounidense Raymond Federman. “A veces me confundo a mí mismo”. El autor afirma que no tiene articulada una teoría sobre el bilingüismo. Y explica que el inglés y el francés “fornican” entre ellos en su mente. “Son inseparables, juegan el uno con el otro, se aman. Aunque no sabría decir cuál actúa como el hombre y cuál como la mujer. Y no importa con qué lengua empiece un texto, porque luego se encuentran en la autotraducción”. (aquí)

(sobre Samuel Becket) El carácter bilingüe de su obra podría considerarse quizás un signo de su tratamiento del lenguaje: el paso de una lengua a otra como una variante de la extrañeza ante la palabra que fluye y en su fluir se abre a otra escena. El bilingüismo le da una perspectiva periférica que le permite desmontar los mecanismos del lenguaje, mostrar su sinsentido y los límites de la comunicación humana. Al mismo tiempo le permite escapar a los automatismos inherentes al empleo de la lengua materna.

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En la Carta Alemana de 1937 dice “En francés, sin toda la vieja carga semántica que el inglés posee para mí, pude alcanzar la meta más claramente. Los contornos sobresalen más”. Explica su hastío ante la perspectiva de seguir escribiendo un inglés oficial y dice “más y más mi propia lengua se me aparece como un velo que debe ser rasgado para llegar a las cosas o a la nada detrás de él… perforar un agujero tras otro en el lenguaje, hasta que lo que acecha detrás –sea algo o nada– comience a filtrar”.

Por supuesto hablar o escribir en otra lengua no es requisito para captar esta posibilidad de ser extranjero en la propia lengua. Flaubert decía que la experiencia de oír la palabra más trivial podía a veces fascinarle por su extrañeza, como si escuchara una lengua extranjera.

Importancia de la voz y el oír. “He escrito siempre para una voz” decía Beckett, alcanzar esa extrañeza de la lengua implica adoptar a menudo el lugar de oyente, renunciando al entendimiento, al sentido.”

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(La lengua materna y las fuentes de la creación: Assia Djebar, Julia Kristeva, Joseph Conrad, Joseph Brodsky, Samuel Beckett, Vladimir Nabokov…) “En la colección de ensayos Less Than One, después de haber intentado una explicación de las razones que pueden empujar a alguien a escribir en otra lengua que la lengua materna - los diagnósticos de Joseph Brodsky, aunque lacónicos, son bastante justos : Conrad lo hace por necesidad, Nabokov, por ambición, Beckett, por deseo de poner todavía más distancia entre él y la lengua (“for the sake of greater estrangement”) -, Joseph Brodsky, que había dejado Unión Soviética para emigrar a los Estados Unidos en 1972, nos da su razón : “Para complacer a una sombra ” (“to please to a shadow”). La sombra es la de Wystan Hugh Auden, el ser al que Brodsky considera como “el espíritu más grande del siglo XX” (357). Es para tener acceso al mismo “código de conciencia” que el poeta al que admira tanto y para ser en condiciones de continuar su trabajo espiritual en la misma vena, que Brodsky escribó en inglés. Por lo menos lo dice. Y aunque tengamos dudas - en eso - porque, después de todo, también se trata para él de una necesidad : después de haber sido saludado como un gran poeta ruso, Brodsky, llegado en tierra extraña, se encuentra privado de la misma materia que lo constituye como poeta y no tiene otra elección : o sea dejar al poeta morir, o sea cambiar de lengua, podemos aceptar que la razón esencial de esta elección no es la necesidad impuesta por las circunstancias, sino el deseo de formarse a la imagen de su ídolo literario. Porque se trata más que de admiración, se trata sin ambigüedad de veneración, y más de una vez Brodsky reconoce que tal o tal inflexión de su voz viene de la de Auden.”

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(Cioran) “Usted no sólo ha desertado de su patria, sino también, lo que es aún más importante, de su lengua.
Ese es el mayor acontecimiento que puede ocurrirle a un escritor, el más dramático. ¡Las catástrofes históricas no son nada al lado de esto! Yo escribí en rumano hasta el año 47. Ese año yo me encontraba en una casita cerca de Dieppe y traducía a Mallarmé al rumano. De pronto me dije: “Qué absurdo” ¡Para qué traducir a Mallarmé a una lengua que nadie conoce?” Y entonces renuncié a mi lengua. Me puse a escribir en francés y fue muy difícil, porque por temperamento la lengua francesa no me conviene, me hace falta una lengua salvaje, una lengua de borracho. El francés fue como una camisa de fuerza para mí. Escribir en otra lengua es una experiencia asombrosa. Se reflexiona sobre las palabras, sobre la escritura. Cuando escribía en rumano, yo no me daba cuenta de qué escribía, simplemente escribía. Las palabras no eran entonces independientes de mí. En cuanto me puse a escribir en francés todas las palabras se hicieron conscientes, las tenía delante, fuera de mí, en sus celdillas y las iba cogiendo: “Ahora tú, y ahora tú”. Es una experiencia parecida a otra que tuve cuando llegué a París. Me alojé en un hotelito del Barrio Latino, y el primer día, cuando bajé a telefonear a conserjería, me encontré al encargado del hotel, su mujer y un hijo preparando el menú de comida: ¡lo preparaban como si fuese un plan de batalla! Me quede asombrado: en Rumanía yo había comido siempre como un animal, bien, pero insconscientemente, sin advertir lo que significa comer. En París me di cuenta de que comer es un ritual, un acto de civilización, casi una toma de posición filosófica… Del mismo modo, escribir en francés dejó de ser un acto instintivo, como era cuando escribía en rumano, y adquirió una dimensión deliberada, tal como dejé también de comer inocentemente… Al cambiar de lengua, liquidé inmediatamente el pasado, cambié totalmente la vida. Aún hoy, sin embargo, me parece que escribo una lengua que no casa con nada, sin raíces, una lengua de invernadero”

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